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viernes, 8 de marzo de 2013

Algunas libertades valen menos que la esclavitud



    Tenemos la puta costumbre de creer que diferenciarse es igualar derechos. Si bien ayer fue el día de la mujer, el hecho trasciende la cuestión genérica y se inocula como un virus en todos los guetos sociales que nosotros mismos creamos para sentirnos más especiales. ¡Qué raza estúpida! Luchamos por libertad y después nos esclavizamos en la jaula de la mediocridad. 
    Las damas primero. Ellas tienen esa manía poco original de subirse al colectivo y pedir el asiento, como si algo en sus genes las convirtiera en personas débiles e inferiores. Uno las mira y piensa no quiero que se caiga, debe tener los huesos de cristal, no vaya a ser cosa de que la empujen y se rompan. Y logran su cometido, ocupando un lugar de privilegio. Ahora, si quieren ser iguales ¿No corresponde que dejemos de tratarlas como a niños con problemas de deficiencia mental? En la misma linea va el concepto de caballerosidad  ¿Qué es lo que se está diciendo cuando se le pide a un hombre que abra la puerta del auto para que entre su princesa? Se le está exigiendo que ocupe el lugar de superioridad que le corresponde, que proteja a la pobre infeliz que ni siquiera es capaz de entrar a un coche por sus propios medios. ¡Queremos igualdad pero danos privilegios! Ja Ja, que graciosas
    En segundo lugar corresponde hacer una auto critica a los putos, una raza de maricas sin alas que nos creemos dueñas del buen gusto. Aquí ocurre algo similar al ejemplo anterior, vivimos sufriendo discriminaciones, casi aceptando que nos basureen en la cara sólo porque amamos diferente... ¿Para qué? Para que  una vez por año se nos ocurra hacer una marcha mostrando lo orgullosos que estamos de ser diferentes, con plumas en el orto y sexo por doquier; una forma divina de generar respeto y adhesión popular, cojamos adelante de todos para que nos amen. 
    El ser humano no sabe que tener derechos no implica romper todo el tiempo con la masa, y en caso de querer hacerlo, o de creer que es lo correcto, tampoco corresponde pedir igualdad. Deberíamos aprender de una vez y dejar de distinguirnos para sentirnos mejores personas. 
    Los hombres y las mujeres libres no necesitan gritarlo, sólo lo saben y lo viven porque es su única verdad.